¿Quién es Pessoa? ¿Qué es ser pessoano?

Mucho nos preguntamos últimamente quién era, quién es y quien será Fernando Pessoa. Y con ello -no olvidemos la esencia de la literatura y de la vida y la esencia metaliteraria de toda buena crítica literaria- quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos nosotros. Son el amor y la literatura los dos grandes juegos sin reglas donde buscamos el rostro perdido, el rostro perdido que buscamos con la ciencia y encontramos con la poesía.

Claro queda que el fenómeno pessoano cuestiona y devuelve a lo ontológico la cuestión del autor y de la obra.  En el contexto de la destrucción del ego propio de la modernidad filosófica (Hay que repetir hasta el hartazgo que nada tiene que ver modernidad filosófica con modernidad literaria), de la destitución metafísica del sujeto, encontramos esa pluralidad constitutiva, esa organicidad sin cuerpo, esas partes sin un todo, esa gran colección de fragmentos, ese sujeto convertido en “Entre” ( véase la concepción del sujeto como “Zwischen” en Nietzsche) en puente eterno entre las realidades y las ensoñaciones, entre las palabras y las cosas.

Tengo la certeza de que Nadie sabe quién fue Pessoa y nadie lo sabrá nunca. Y así debe ser porque en gran medida el verdadero poeta, el profundo artista, el artista trágico, el representante genuino del conocimiento poético (no) es Nadie, como Ulises ante el cíclope Polifemo, es sólo una trampa de palabras rotas, de espejos desgastados donde con la excusa de buscar al Otro encontramos virutas de nuestro propio rostro, es sólo una Obra y un nombre vacío donde cabe cualquier otra persona, cualquier “tú esencial” en palabras de Machado. El verdadero poeta no es su biografía y mucho menos su nombre, es sólo su obra, sus versos en busca de una boca o unos ojos, sus papeles y sus notas en espera de un descifrador, de un corazón desnudo.

Así “el nombre de un autor no es –como dice Foucault- exactamente un nombre propio como los demás”, es un nombre ajeno, “minhamente alheio” para usar palabras del policéfalo fernandino. Toda escritura, bien lo dijo Foucault, está emparentada con la muerte y con la ausencia. Pensemos que Pessoa, es otro hijo más de la Saudade, que es ante todo, presencia de la ausencia. En esa presencia de lo ausente está enraizada la escritura. Escribir es construir una ausencia, es nacer después de nacer. –Cabe preguntarse si un verdadero poeta sólo nace con su muerte o si al menos sus poemas nacen con su muerte- ¿Cuándo dejó de Existir Pessoa? ¿Ha dejado de Existir? ¿Existe todavía? ¿Existe desde que murió? ¿Existe desde que vivió? ¿Existe en nosotros? ¿Existe por nosotros?

Todo escribir se nutre de un acto original, de un sacrificio*, de un suicidio preventivo  y ontológico. El que escribe se deja ir hasta la nada para poder sentir todo con la suavidad de unas manos lentas y despreocupadas, teje las palabras nuevas para las cosas viejas y de vuelta a la superficie del mundo teje trajes a medida para esas realidades que están en el limbo de lo por-nacer.

La literatura, por tanto, se funda “en la borradura de los caracteres individuales del sujeto que escribe” (Foucault dixit), en la “singularidad de su ausencia”, de la ausencia del escritor y de nuestra propia ausencia viviente. Son estas las cuestiones que deben volverse recurrentes en la crítica pessoana que no puede renunciar a ser metaliteraria y por eso mismo filosófica.

Menos tiempo dedicamos sin embargo  a pensar qué es ser pessoano. ¿Es pessoano el que escribe sobre Pessoa? ¿el que lee a Pessoa? ¿el que disfruta con/de Pessoa?

Creo que los estudios pessoanos, sin saber muy bien qué son o qué deberían ser se enfrentan constantemente a dos grandes errores en los que caen con asiduidad.

Los dos riesgos son, a saber: 1) Querer ser Pessoa, 2) Querer no ser Pessoa. Cuando estas dos actitudes, anhelos o deseos se dan de forma unidireccional y no se conjugan caemos en un riesgo evidente:

1) En el primer caso caemos en la momificación del autor, en la “historia anticuaria” (en palabras de Nietzsche), en el intencionalismo, es decir, en un abuso en la búsqueda de la intención del autor o del contexto de creación de la obra.

Hay que hacer una labor filológica. Es una labor fundacional y esencial en el caso pessoano que no siempre se ha hecho con el rigor necesario. Hay que hacer una labor genealógica del origen de los textos pero la crítica pessoana no debe agotarse ahí. De nada sirve reconstruir el texto pessoano si no nos permitimos la licencia de interpretarlo y de apropiarnos de él. De hacerlo nuestro, de devolverlo a la vida, y de devolverlo a nuestra vida, de inspirarnos con sus aromas para decir lo que nosotros queremos y debemos decir. No podemos Ser Pessoa, no debemos querer Ser Pessoa. Ser Pessoano debe ser (también) no ser Pessoa.

2) El otro error común es la sobreinterpretación, la apropiación excesiva, el trabajo que no acude a las fuentes primarias y se conforma con una imagen hecha de Pessoa y con usar los lugares comunes propios del autor para construir nuestro dicurso, para conquistar al autor. No podemos no Ser Pessoa, no debemos no querer Ser Pessoa

De la cojungación y articulación de los dos deseos anterioes, paradójica, como toda actividad metaliteraria que devuelve la literatura a la vida, nace la honestidad de la crítica literaria comprendida como un ser lo que no somos. (“Somos lo que no Somos” dice Pessoa), como ser, sin ser Pessoa, como buscar nuestro rostro entre sus arrugas y sus palabras, construyéndonos en la lectura de nuestro propio rostro, en la escritura de la ausencia, que es, nuestra forma de estar presentes, de ser nosotros mismos.

5-XI-12

Pablo Javier Pérez López

*”la escritura está ahora ligada al sacrificio, al sacrificio incluso de la vida” Foucault en “¿Qué es un autor?”

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One thought on “¿Quién es Pessoa? ¿Qué es ser pessoano?

  1. Te felicito por estas reflexiones en torno a Pessoa, me ha gustado mucho el artículo; quizás sea porque de alguna manera extraña que se han cruzado nuestras investigaciones, yo empecé por un estudio acerca de la publicidad y terminé en la literatura, también con Pessoa. No sé si lo has leído, te recomiendo la idea de novela polifónica en Bajtin, sus estudios sobre Dostoievski son impresionantes; la muerte del autor a la que te refieres y que menciona Foucault (también Barthes) cobra en Bajtin un sentido muy especial haciendo que los personajes de cierto tipo de novelas (Dostoievski, Rabelais, aunque también Cervantes) luchen contra su condición de representación plegándose sobre sí mismos y defendiendo su subjetividad. Personalmente me considero en un estado de empanada mental respecto a este tema, pero no cabe duda de que es sumamente interesante. Un saludo, Oscar.

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