“Lisbon Revisited” o la Geometría del Alma

Del mismo modo que la literatura puede y debe comprenderse como conquista del espacio (y del tiempo). Véase en este sentido la afirmación de Julio Cortázar: “la literatura es la supresión del tiempo y del espacio”, a veces, cuando el destino mira desde el lado contrario, y el viento de la ensoñación es fuerte, ocurre lo contrario, es el espacio el que nos conquista, nos impone su mismidad, sus reflejos, sus laberintos, sus calles, sus paisajes.

Ocurre esto con las ciudades, sus espacios y sus relieves, al igual que con los cuerpos y sus geometrías inquisidoras. Hay ciudades que nos conquistan el alma, nos imponen su mapa, su cuadrícula, sus calles y sus plazas, ese contagio súbito y profundo que podríamos llamar geometría del alma.

Ocurre sin duda esto con Lisboa. El espacio de Lisboa se impone hasta parar el tiempo y devolvernos nuestra mismidad filtrada por sus calles y las turgencias de sus siete colinas. Lisboa, su espacio, turgente y resuelto se impone en mi alma hasta convertirse en mí mismo. Camino, cada vez que vuelvo a esta ciudad donde nací, -siempre se nace después de nacer- y donde habité, palabra olvidada, por mí mismo, por mi pasado y mi futuro repitiendo las rutas cotidianas. Entre ellas no faltan la mirada desde el miradouro da nossa senhora do monte o desde el elevador da boca do vento en Almada, cruzando el Tejo, hasta ver el rostro de Lisboa, lejano, tal como hicieron Byron y Espronceda.

Caminar por y ella y por mí, sin poder pensar, como se camina por un amor lento y pegajoso que te deshace la carne y los huesos. Caminar por un espejo cálido y eterno, profundamente revelador, un espejo que te dice quién eres, quién fuiste y quién quieres y debes ser. La literatura, que es la esperanza de caminar por uno mismo hasta encontrarse, se hace más rotunda en esta ciudad, donde uno busca instintivamente mientras camina por el laberinto de vielas, su propio rostro, su verdadero y definitivo rostro.

En Lisboa esto sucede en su tiempo detenido y manso en las almas de quienes allí vivimos y no podemos dejar de hacerlo desde lejos. Acaso es esto la saudade, presencia de la ausencia, ausencia de la presencia, imposición de la eternidad a la vida, reconocimiento del rostro olvidado y perdido, un imperio del espíritu y la literatura.

Es esta aceptación de Lisboa como algo propio, como lugar donde alfacinha se vivió y se vive, como memoria recobrada, como patria inexpugnable donde uno nació y va a morir, todo lo contrario del turismo. Comencé a saber que era lisboeta y portugués cuando comencé a sentir una especial ojeriza por los turistas que invadían mi geometría del alma, mi ciudad, mis sueños, mi yo. Yo quería pasear por mí mismo, por mi alma, y los turistas no me dejaban pues se agolpaban entre mis calles, entre mis venas del alma, entre mis sentimientos puestos al sol junto al amarillento chirriar de los recuerdos y los tranvías.

La literatura es un alma sin turistas, un alma donde viajar es algo sagrado y verdadero, un alma donde para viajar (Pessoa dixit), basta existir. Una ciudad que se convierte en imagen poética. Toda imagen poética acaba por ser el reflejo de nuestro rostro, de nuestra existencia. Y esto parece más real en Lisboa, en el espejo de su luz intensa o de su manso Tejo.

“Si alguna vez nací, nací en Lisboa” pienso y siento cada vez que aterrizo en Lisboa o vislumbro sus rincones, verso de Pablo Guerrero, que como una patria uno se tatúa para no olvidar el puerto donde eligió nacer.

Una ciudad donde el misterio camina sin miedo, donde todo lo imposible parece real y todo lo real, imposible. Una ciudad con nombre de mujer, que se convierte en mujer de tu vida, en “cidade-mulher da minha vida”, como dice la canción. Donde es imposible dejar de sacar su geometría de tu alma, donde es imposible no hacer literatura, es decir, caminar por unas calles y unos rostros que conquistan sin remedio y que se hacen propios con la rapidez de las palabras o los sueños.

Recordemos la “Poética del Espacio” de Gaston Bachelard, sólo cuando un espacio nos resulta hogar puede evocar y hacer nacer todas nuestras intimidades hasta convertirse en nuestra. “la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre” (Bachelard dixit)¿Es la literatura y el amor algo más que posesión y voluntad de integración del tiempo y el espacio, de la memoria y la ensoñación?

Si la ciudad se convierte en gran imagen poética, es decir en gran representación de una intuición o un sentimiento, resulta un gran espejo donde el diálogo con la historia y el destino se eleva como protagonista. En Lisboa cobra sentido la expresión “Mi lugar en el mundo” que tan bien expresó la película de Aristarain

En nuestra topofilia y nuestra geografía almática está escrita nuestra esencia y nuestro rostro recobrado, nuestra gran voluntad engendradora y nuestro habitar poético, la centralidad de nuestra conciencia y nuestra imaginación, nuestra primitividad, nuestro nacimiento y nuestro verdadero habitar. Deseo y Memoria, son las ciudades que nos eligen para vivir y para morir, como bien supo Italo Calvino en “Las ciudades invisibles”

No es casual que Bernardo Soares y su desasosiego tengan la geometría almática y física de Lisboa como lugares privilegiados.  No es casual que Álvaro de Campos se pregunte por su identidad devenida al volver a Lisboa y revisitar su rostro hijo de la alegría y la tristeza y que hable de “uma espiritualidade feita com a nossa própria carne” al ver despertar Lisboa desde la Rúa Aurea o el Rossio. La espiritualidad de la carne, la carnalidad del espíritu, se comprende y se siente mejor en Lisboa. La eterna y primitiva verdad de la mudez de la ciudad del Tejo hace decir a Campos:

“Outra vez te revejo,

Cidade da minha infância pavorosamente perdida. . .

Cidade triste e alegre, outra vez sonho aqui. . .

Eu? Mas sou eu o mesmo que aqui vivi, e aqui voltei,

E aqui tornei a voltar, e a voltar,

E aqui de novo tornei a voltar?

Ou somos todos os Eu que estive aqui ou estiveram,

Uma série de contas-entes ligadas por um fio-memória,

Uma série de sonhos de mim de alguém de fora de mim?

Outra vez te revejo,

Com o coração mais longínquo, a alma menos minha.

Outra vez te revejo — Lisboa e Tejo e tudo —,

Transeunte inútil de ti e de mim,

Estrangeiro aqui como em toda a parte,

Casual na vida como na alma,

Fantasma a errar em salas de recordações,

Ao ruído dos ratos e das tábuas que rangem

No castelo maldito de ter que viver. . .”

En Lisboa, con Campos, las memorias de los hombres se unen reflejadas en la imagen, en la poeticidad de una ciudad que al contagiar su geometría a nuestro alma, nos hace pensarnos como un rostro recobrado, que vuelve a sí mismo para caminarse y buscarse. El pensamiento, el sentimiento, la memoria y la ensoñación, la literatura, en definitiva, nacen en cada esquina de esta ciudad, esencialmente de quién la vivió y la revisita. Todo volver a casa es un volver a uno mismo. Todo volver es literario porque todo volver es no haberse ido.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s