PALABRAS OLVIDADAS

SAM_0051

Siento la suavidad de las palabras olvidadas

Antonio Gamoneda

Un poeta, según tradición antiquísima es el encargado de velar por el buen funcionamiento del depósito de palabras olvidadas de la ciudad. Está ubicado en la comisaría central junto al mercado y el puerto y a escasos metros del centro de objetos perdidos que custodia la policía.

El poeta encargado de tal trabajo, Filiberto Menéndez, anda bien atareado, pues según las últimas estadísticas, los habitantes de nuestra ciudad son los que más palabras olvidan de todo el país. Otro dato a tener en cuenta, es, que frente a los habitantes de Zandulibia, nuestros paisanos, siempre suelen entregar las palabras olvidadas que encuentran en la calle, a sus propietarios, en el caso de que la palabra confiese su dueño, o algo haga evidente ese dato definitivo.

Menéndez confiesa que no le hace especial gracia la proximidad de la policía y que en muchas ocasiones tiene dificultades para asumir que muchos ciudadanos confundan el depósito de objetos perdidos con el de palabras olvidadas. “¡Cómo confundir las palabras y los objetos!” Grita indignado el hastiado poeta. En ocasiones, la policía les ha ofrecido su ayuda para la custodia de alguna de esas palabras perdidas, pues según él propio nos confiesa, las hay conflictivas y belicosas y extremadamente huidizas.

Según cuenta, hay varios “te quiero” olvidados, dos de ellos, encadenados, por continuos intentos de fuga. Los “te quiero”, confiesa, sonrojado, son las palabras que más tendencia a la huida y el suicido presentan. En más de una ocasión un médico ha tenido que atender a varias “esperanza” y un “dios mío”. Pero lo normal es, según nos dice, que todas tengan buena salud mientras esperan a sus dueños. Hacen amistades, e incluso forman parejas y grupos de amigos. En más de una ocasión varias palabras han formado familias e incluso pequeños poemas, haikus y otros similares. Las despedidas y las rupturas son terribles, según asevera Filiberto.

Algunas palabras han muerto de viejas y otras llevan esperando a su dueño tres años, tiempo máximo según las últimas regulaciones municipales, para la espera. Transcurrido este tiempo de espera reglamentario, las palabras no reclamadas son asignadas a nuevos dueños, casi siempre poetas que las solicitan en largos formularios, por triplicado. En general son poetas con dificultad para encontrar las palabras adecuadas o algunos de esos hombres que se suelen llamar “parcos en palabras”. Más de un “te quiero” o una “belleza”, incluso un “hasta mañana” han sido reclamados burocráticamente por estos hombres a los que sin estar desprovistos de voz, les cuesta mantener cerca palabras.

Los peores días son los de lluvia, pues la humedad, la prisa y la poca habilidad de algunas bocas provocan pérdidas considerables de palabras y de lágrimas. A veces varios grupos de ellas acaban en los charcos o en el río junto a los ojos del puente principal, o dentro de algún barco de pesca, entre cangrejos y pescados. Esos días muchas palabras llegan al depósito pero algunas ya ahogadas o demasiado sucias pero incluso muertas o desoladas en la cárcel del olvido, en la memoria o la boca de un nuevo dueño, las palabras olvidadas poseen una suavidad inigualable, la suavidad que buscan y sólo saben saborear los poetas.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s