La ausencia de poesía y la negación epocal del otro.

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La crisis en la que vivimos es antes que nada una crisis de la humanidad y una crisis de la modernidad perenne en la que sobrevivimos y de la que no conseguimos despegarnos. La ausencia de sentido público, la ruptura de la comunidad y la hegemonía del yo están estrechamente relacionadas con la pérdida de sentido del lenguaje, con la imposibilidad de decir que provoca el univocismo de la imagen y la palabra y la ausencia de poesía en el acto constitutivo del decir. El yo moderno sigue rompiendo el acceso a la pluralidad que es la única entidad dadora de libertad y otredad salvadora.

Pero no son estas cuestiones nuevas. Son cuestiones que bien conocían, por ejemplo, Martin Heidegger y Octavio Paz.

Resumamos la tesis:

No hay lenguaje.

No hay mundo.

No hay historia.

No hay otros.

El yo moderno ha crecido hasta acabar con la posibilidad del diálogo, del diálogo entre conciencias, del diálogo histórico y del diálogo óntico que es la base de la literatura y la libertad. Y lo que es peor y aún más imposibilitante, el diálogo con uno mismo, que más que monólogo es posibilidad fundadora de conquista de espacios para los otros/con los otros. Sin fermento poético la sociedad es autorreferencial, inhumana, mecánica. Ese es el triunfo de la tecnocracia sobre el arte, de la máquina sobre el hombre, de la voz única y del pensamiento único sobre la posibilidad de un decir que inaugure mundos y posibilidades:

“Una sociedad sin poesía carecería de lenguaje: todos dirían la misma cosa o ninguno hablaría, sociedad transhumana en la que todos serían uno o cada uno sería un todo autorreferente” ha dicho Paz en su brillante ensayo “Los símbolos en rotación”.

No hay futuro porque el futuro (“Hemos cesado de reconocernos en el futuro” dice Paz) no es posible sin la posibilidad de conciencia de lo nuevo. Para que esta conciencia de lo nuevo exista, debe existir la posibilidad de sacar el lenguaje de la momificación que promulga el pensamiento único y el modelo ideológico tecnocrático que basándose en la dictadura de la imagen-cebo, vacía de novedad posibilitante, esparce la inmovilidad y la ausencia de dialéctica. No hay futuro porque no hay sino una eternidad ilusoria, una falta de aceptación de la caducidad, de la contingencia y de la animalidad que nos sustenta y sobre todo de la fantasía honesta y alejada del artificio ideologizante.

No existe el prójimo, porque no existe más que una imagen del mundo y el mundo, la realidad, permanece constantemente maquillada, redirigida y transgredida por la mediación de la imagen y el lenguaje puesto al servicio del interés dominante:

“El fenómeno moderno de la incomunicación no depende tanto de la pluralidad de sujetos cuanto de la desaparición del tú como elemento constitutivo de cada conciencia. No hablamos con los otros porque no podemos hablar con nosotros mismos. Pero la multiplicación cancerosa del yo no es el origen sino el resultado de la pérdida de la imagen del mundo. Al sentirse sólo en el mundo, el hombre antiguo descubría su propio yo y, así, el de los otros. Hoy no estamos solos en el mundo; no hay mundo. Cada sitio es el mismo sitio y ninguna parte está en todas partes. […] La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia. Descubrir la imagen del mundo en lo que emerge como fragmento y dispersión, percibir en lo uno o lo otro, será devolverle al lenguaje su virtud metafórica: darle presencia a los otros. La poesía: búsqueda de los otros, descubrimiento de la otredad.”

Incomunicación porque el otro no existe más que como ficción, pero ficción inversa, impuesta,deshonesta, no creada. Sin la revivificación del lenguaje, de su carácter metafórico por parte de la simiente poética, el mundo seguirá estático asistiendo al teatro burlesco de los medios, a la propagación infecciosa de la imagen que aleja y no acerca lo real y no representa sino que encubre más lo vedado, lo velado. Sin poesía no puede reconstruirse la presencia ni el futuro. Sin los otros no somos nuestros. Ser auténticos es ser dueños de nosotros mismos y ser dueños de nosotros mismos significa poder exhibir un decir leal y libre donde la metáfora y el sentido no estén cercenados por la univocidad.

Y esto parece estar también en el célebre texto de Heidegger titulado “La época de la imagen del mundo”. La ausencia de dialéctica en el lenguaje imposibilita la conciencia de lo nuevo, como decimos, y por tanto niega la epocalidad del ser y de lo que somos, niega la heterogeneidad esencial en la que debe nacer toda actividad humana y es por tanto una perpetuación de la ceguera y de la ausencia de vida y con ello de libertad:

“El hombre no podrá llegar a saber qué es eso que está vedado ni podrá meditar sobre ello mientras se empeñe en seguir moviéndose dentro de la mera negación de su época. Esa huida a la tradición, entremezclada de humildad y prepotencia, no es capaz de nada por sí misma y se limita a ser una manera de cerrar los ojos y cegarse frente al momento histórico.

El hombre sólo llegará a saber lo incalculable o, lo que es lo mismo, sólo llegará a preservarlo en su verdad, a través de un cuestionamiento y configuración creadores basados en la meditación. Ésta traslada al hombre futuro a ese lugar intermedio, a ese Entre, en el que pertenece al ser y, sin embargo, sigue siendo un extraño dentro de lo ente.  Hölderlin ya lo sabía.  Su poema titulado «A los alemanes» concluye con estas palabras:

En verdad, nuestro tiempo de vida está
estrechamente limitado.
Vemos y contamos la cifra de nuestros años.
Pero los años de los pueblos
¿qué mortal los ha visto?
Si tu alma alza nostálgico el vuelo por encima
de tu propia época, tú en cambio permaneces triste
en la fría ribera
junto a los tuyos y jamás los conoces.”

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One thought on “La ausencia de poesía y la negación epocal del otro.

  1. Hola. Echando una ojeada a tus notas se me ocurrió la posibilidad de enviarte un librito artesanal entre filosófico y literario que hacemos por acá, lejos, lejos en la esquina de Occidente (Península de Baja California), para compartírtelo principalmente, para eso del “diálogo” (te dejo mi correo). Saludos.

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